Friday, July 29, 2005
POESIA - POETRY - POESIE - POESIA - POETRY - POESIE - POESIA
MI ESCRITORIO MIRA AL JARDIN
1 El Jardín
Todo el jardín penetra en mi escritorio:
La luz, los sonidos ardientes del verano,
y los lamentos crudos del invierno.
Todo el ciclo vital pasa por mi alma:
Todo el sol del amor, el viento del rechazo,
la lluvia fría de la indiferencia.
Cuando llueve, las gotas me corren una cortina
que no siempre es gris,
y que canta con la música de las estaciones.
Alegre en primavera,
lujuriosa en verano,
nostálgica en otoño,
triste en invierno.
Pero en invierno,
aunque algo melancólica,
la canción de la lluvia me sonríe
dulcemente, contándome que pronto
florecerá una vez más la primavera.
Mi escritorio mira al jardín.
Antes, a las mañanas doradas,
ahora, a las hojas del otoño,
alaire que mece a las casuarinas.
En el ocaso, - la luz se tamiza - se ve todo más suave.
Quizá surge algún rayo de sol.
Yo disfruto de esta paz de pájaros que alborotan
al acostarse,
y de los ladridos de mi perro a sus propios fantasmas.
¡Pero no me arrepiento de ninguna de las flores
que planté o arranqué por la mañana!
2 - Adiós al Jardín.
Mi escritorio mira al jardín
por última vez.
El jardín está triste,
con grandes manchas
de hojas caídas.
Un viento húmedo y helado mueve,
lento,
las ramas,
como saludando una despedida.
El arrayán murió. La santa rita y los jazmines
se enredan con el ligustro del silencio.
Tímidamente
sacuden las achiras
sus banderas.
Ya las rosas cayeron, pétalo a pétalo.
Sólo motean el verde amarronado
los botones rojos de malvones y alegrías.
La casa también se despide;
cae el revoque,
crujen las maderas.
Como es otoño,
una metralla de bellotas
picotea las tejas.
Otros vendrán
con su carga de afectos
y tristezas.
Habrá alegrías,
y quizá, ¿por qué no? un escritorio
desde donde alguien mire al jardín
en una mañana de verano.
3 Para Despedirme
Para despedirme
el roble ha tejido una alfombra de herrumbre.
El cielo ha soltado
su llanto gris
para que mi jardín luzca brillante.
Para despedirme
el hornero ha entonado su himno modesto
de cobre y tabaco.
El silencio se ha vestido de rumores
tranquilos y apagados
para despedirme.
"Yo me voy" - les digo - "Ustedes permanecen".
En el invierno frío
soñarán primaveras,
y cuando todo renazca
podrán,
con alegría,
lucir nuevos ropajes".
"Y yo, que me habré ido,
continuaré mi viaje hacia el olvido".
(De "Sonetos, poemas de amor, y otros estremecimientos..." Gral Pacheco, 2003).
