Thursday, August 04, 2005

 

UNA DE WIMPI

¿Se acuerdan de Wimpi? (Supongo que esto es para mayores de cincuenta). No me refiero al personaje de la tira "Popeye" de Segar, que luego se llamó "Grasita". No. Me refiero al gran humorista uruguayo que publicó varios libros, y murió en Buenos Aires en 1956, en septiembre se cumplirán 49 años. Su nombre era Arthur García Núñez, y su cultura era inconmensurable. A continuación reproduciré "Comidas y Banquetes", del libro "La Calle del Gato que Pesca", que editó Freeland en 1975:
COMIDAS Y BANQUETES
Tuvo siempre tanta importancia la comida a través de la Historia, amigos, que -pasando por los famosos banquetes de Assurbanipal el asirio y por los que describe Homero en el Canto III de la Odisea -, llegamos a lo que los romanos decían: "Cena hecha, compañía deshecha". lo cual vino a dar en lo nuestro de que "carancho que comió, voló". Los banquetes griegos eran de una esquisitez y de una abundancia realmente inconcebibles en esta época de la consommé en taza y del lomito a la fricaiuóla. Los romanos usaban una indumentaria especial para comer, la "veste triclinaria" se llamaba, especie de poncho abierto a los costados que no era menester desabrochar en ningun momento para que no apretara. Se tendió, luego, ante el mundo, después de los bárbaros que comían la carne cruda manida bajo las monturas de sus caballos, se tendió, luego, la mesa medieval. Bueyes asados y sazonados con ajo y zumo de uva agraz y empanadas de ciervo y fuentes de murenas y sopas de leche ly jengibres confitados y vino de Mosela helado con nieve, unos pasteles gigantescos, de los que al abrírseles escapaban de adentro de ellos dos liebres vivas, y enanos que las corrían. En el banquete de bodas de la princesa Leonor, hija de enrique II de Inglaterra, y Alejandro de Escocia, se consumieron 600 bueyes. Y en los viejos castillos del siglo xv esperaban sobre los aparadores labrados, platos y jarras con agua de nísperos, con agua de rosas de mililotos, para que se lavaran las manos los convidados. Y enseguida aparecían los pasteles de salmón y de congrio, pajaritos y conejos asados, tortas de Pisa, garzas, cigueñas, pavos reales, cisnes y venados de Bretaña y lampreas de Tarento. Y ensaladas de musgo, de lúpulo, de malva y cien viandas más aún, sazonadas con mejorana y macías, con cilantro y salvia, con peonía y romero, con albahaca y tomillo, con alpiste y jengibre. Decididamente hoy se asiste a una pavorosa regresión de menúes. Están la suprema a la Kief y el souflé de choclo y las trufas maceradas en un coñac de raza noble. Pero el tipo come un bife vuelta y vuelta y ya queda mareado. ¡Qué paradoja, amigos! En una época en que todo el mundo traga, queda apenas un grupito que mastica.
Espero que les haya gustado. Juan Carlos.

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