Monday, September 26, 2005
R E L O J E R I A S
El tiempo es una cosa que da vueltas en el reloj.
(Cuando escribí esto, aún no se habían inventado los relojes digitales.)
Era llano como las nueve y cuarto.
Cuando las nueve y cuarto y las tres menos cuarto se van a visitar, siempre se desencuentran.
Era obtuso como las once y veinte.
Las doce es una hora de ceño fruncido y gesto adusto.
No hay nada tan alicaído como las seis y veinticinco.
Ni tan pesimista como las seis y media.
El reloj brindaba hospitalidad con las diez y diez de sus brazos.
Las ocho y veinte son un señor con lbigotes.
Era astuto y sigiloso como las doce menos cinco.
El reloj es una sucesión de infinitos ángulos. Es decir, infinitos, no. Han un señor que dice que son exactamente ciento veintinueve mil seiscientos.
Es curioso cómo los ángulos se parecen a los hombres:
Agudos unos,
obtusos otros,
rectos los menos,
llanos los más.
Un ángulo cenvexo es un ángulo que antes era infiel.
(O es todo lo que hays alrededor de un ángulo cóncavo.)
No hay nada máss femenino que la una.
Las ocho parecen un burguéss bajito haciendo el saludo fascista.
Las siete se mueren de languidez esperando que sean las siete y media, para apoyarse en el minutero.
Las siete menos veinte. Una navaja de afeitar a medio abrir.
(¿Se acuerdan de las navajas de afeitar?)
Las tres: A la torta del reloj le falta un pedazo.
Había un reloj de sol tan egoísta, que en vez de dar las horas, las prestaba.
El reloj de sol suspira, porque de noche se convierte len reloj de luna.
Aquel reloj de arena tenía un secreto: Una vez lo habían usado para hervir un huevo.
La luna es un reloj sin agujas. Por eso la prefieren los enamorados. Para ellos, el tiempo no existe.
El reloj es el corazón de los hombres de negocios; bueno, tic-tac, hace...
Por eso no tienen reloj los poetas.
Reloj de sol: Un ángulo consigo mismo.
Probado: Cleopatra nunca tuvo una clepsidra digital.
Tontería del hombre: Pretender medir el tiempo, como si este transcurriera.
Los que transcurrimos somos nosotros.
(Cuando escribí esto, aún no se habían inventado los relojes digitales.)
Era llano como las nueve y cuarto.
Cuando las nueve y cuarto y las tres menos cuarto se van a visitar, siempre se desencuentran.
Era obtuso como las once y veinte.
Las doce es una hora de ceño fruncido y gesto adusto.
No hay nada tan alicaído como las seis y veinticinco.
Ni tan pesimista como las seis y media.
El reloj brindaba hospitalidad con las diez y diez de sus brazos.
Las ocho y veinte son un señor con lbigotes.
Era astuto y sigiloso como las doce menos cinco.
El reloj es una sucesión de infinitos ángulos. Es decir, infinitos, no. Han un señor que dice que son exactamente ciento veintinueve mil seiscientos.
Es curioso cómo los ángulos se parecen a los hombres:
Agudos unos,
obtusos otros,
rectos los menos,
llanos los más.
Un ángulo cenvexo es un ángulo que antes era infiel.
(O es todo lo que hays alrededor de un ángulo cóncavo.)
No hay nada máss femenino que la una.
Las ocho parecen un burguéss bajito haciendo el saludo fascista.
Las siete se mueren de languidez esperando que sean las siete y media, para apoyarse en el minutero.
Las siete menos veinte. Una navaja de afeitar a medio abrir.
(¿Se acuerdan de las navajas de afeitar?)
Las tres: A la torta del reloj le falta un pedazo.
Había un reloj de sol tan egoísta, que en vez de dar las horas, las prestaba.
El reloj de sol suspira, porque de noche se convierte len reloj de luna.
Aquel reloj de arena tenía un secreto: Una vez lo habían usado para hervir un huevo.
La luna es un reloj sin agujas. Por eso la prefieren los enamorados. Para ellos, el tiempo no existe.
El reloj es el corazón de los hombres de negocios; bueno, tic-tac, hace...
Por eso no tienen reloj los poetas.
Reloj de sol: Un ángulo consigo mismo.
Probado: Cleopatra nunca tuvo una clepsidra digital.
Tontería del hombre: Pretender medir el tiempo, como si este transcurriera.
Los que transcurrimos somos nosotros.
